Por: Yared González

Hace tiempo, cuando comenzaba a aplicar el aprendizaje experiencial en mis sesiones de capacitación recibía comentarios de amigos y familiares en tono burlón preguntándome si me pagaban por poner a jugar a las personas, y es que al menos en mi familia al tener una formación ingenieril, no comprendían cómo en la empresa para la que trabajaba utilizaban juegos en las capacitaciones. Conforme les iba explicando que no era jugar por jugar, que había un propósito claro (el objetivo) y un proceso de acompañamiento para generar aprendizaje, entonces ellos de a poco iban creyendo que lo que hacía podía generar reflexión, aprendizaje y por lo tanto, cambios en la conducta.

Si tomamos como premisa, que el aprendizaje es un proceso en el cual el conocimiento se crea con base en la transformación de una experiencia, entonces consideraremos que es permanente y activo. Además, podemos decir que es un mecanismo en el cual los procesamientos de información implican que las personas,  deben construir y reorganizar el conocimiento en su estructura cognitiva por medio de sus propios niveles de representación.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos decir que las personas, transforman la información acorde con sus propias realidades, experiencias previas, sus valores instalados, normas y reglas aceptadas, siempre y cuando estén alertas, reflexionen y procesen la experiencia, para conceptualizarla a su realidad, para darle un significado y para la construcción y deconstrucción de aprendizajes.

Entonces, podemos inferir que la transformación de una experiencia es la base del aprendizaje y éste puede ser abordado desde el modelo tradicional. Es decir que, podemos remontarnos a la manera en la que en la escuela nos enseñaban diferentes asignaturas; donde encontramos un profesor al frente de la clase que considerábamos tenía el conocimiento y experiencia, además de la capacidad para transmitir el conocimiento a los alumnos. Esto luego se llevó a las aulas de capacitación, en donde había un instructor que compartía el conocimiento con los participantes o aprendices.

Por esto, durante mucho tiempo, se consideró la capacitación como un proceso en el que transmitir conocimientos era la base del cambio conductual en los colaboradores dentro de las organizaciones, algunos otros añadían a sus programas de capacitación el entrenamiento,  que tenía como principio fundamental desarrollar habilidades.

Hoy en día tenemos una mirada diferente sobre el aprendizaje, lo estamos llevando a niveles más profundos, en donde contactamos con nuestra parte más intuitiva y a partir del auto-descubrimiento construimos nuevos conceptos, generamos conciencia y en algunas ocasiones cuando dedicamos tiempo a socializar, compartir en reflexiones y aprendizajes grupales logramos despertar el genuino interés en hacer lo necesario en pro del logro de los objetivos colectivos.